En un mundo donde casi todos nacen con un don extraordinario, no poseer un Quirk no es solo una rareza... es una condena.
En esa sociedad construida sobre héroes y poderes, donde la fuerza define el valor de una persona, Izuku Midoriya creció marcado por la ausencia de aquello que todos consideraban indispensable. Sin habilidades. Sin brillo. Sin destino aparente.
Y aun así, soñaba.
Soñaba con convertirse en un héroe.
Soñaba con salvar personas con una sonrisa.
Soñaba con ser como All Might.
Pero los sueños no siempre sobreviven en un mundo que idolatra la fuerza.
Izuku luchó contra el desprecio, contra las burlas, contra la indiferencia. Luchó incluso cuando el mundo le repetía que no tenía derecho a intentarlo. Y, al final, fue precisamente por hacer el bien -por actuar como un héroe sin tener el poder para serlo- que todo se quebró.
Su sueño se hizo añicos.
Y con él, algo más.
Katsuki Bakugou jamás lo admitiría en voz alta, pero siempre estuvo ahí. Observando. Interviniendo cuando la situación lo requería. Protegiéndolo... a su manera torcida y orgullosa.
Hasta que fue demasiado tarde.
Fue testigo del final de su amigo de la infancia.
Del instante exacto en que las palabras no dichas se convirtieron en cadenas.
De la culpa que ya nunca lo abandonaría.
Porque a veces, el peor castigo no es perder a alguien.
Es saber que pudiste haber hecho algo más.
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