En un mundo donde las promesas se rompen tan fácil como se hacen, Maddy Pérez siempre ha sabido jugar con el fuego sin quemarse... o al menos eso es lo que le gusta creer.
Elizabeth nunca fue parte del plan. No era una de esas personas pasajeras, ni alguien que pudiera encajar en las reglas no escritas de Maddy. Desde el primer momento, hubo algo distinto: miradas que decían demasiado, silencios que pesaban más que cualquier palabra y una conexión que ninguna de las dos quiso definir.
Pero querer no siempre significa poder.
Maddy prometía quedarse, prometía cambiar, prometía elegirla... y Elizabeth, aunque sabía que esas palabras se deshacían con el tiempo, seguía aferrándose a ellas. Porque en medio del caos, de las noches largas y decisiones impulsivas, Maddy era lo único que se sentía real.
Y eso era precisamente el problema.
Porque amar a Maddy Perez nunca fue sencillo... y confiar en ella, mucho menos.
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