Dicen que el Sol y la Luna siempre han estado enamorados, pero el universo los obligó a vivir separados. Solo pueden rozarse de verdad durante los eclipses: unos pocos minutos de magia pura antes de tener que volver cada uno a su propia órbita. Vega es de Tenerife, se pasa la vida atrapada entre el estrés de la universidad,libros de astronomía y el visor de su cámara Canon. Tiago es de Lisboa, vive despeinado por el viento de la playa, siempre lleva la misma sudadera gris gigante y tiene una de esas sonrisas que te reinician la vida. A pesar de los más de mil quinientos kilómetros que los separan, se acostumbran a estar juntos a través de una pantalla. Así que, cuando al fin coinciden en el eclipse. Todo encaja. Todo es estúpidamente perfecto. Pero el problema de acercarse demasiado al Sol es que, cuando se oculta, el frío duele el doble. ¿Que se hace en ese caso,te quedas esperando a que pase el eclipse para volver a ver la luz de la persona que quieres, o aceptas que algunas estrellas solo están destinadas a chocar un instante y desaparecer? 🌜🌞
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