Me miraste con unos ojos que jamás había visto en ti. No eran los ojos juguetones, íntimos o incluso molestos de siempre. Era de terror. Me mirabas aterrorizado.
-Escóndete en el piso. Atrás.
Tenías los ojos cristalizados. En cinco años, ni siquiera en nuestros peores momentos, te había visto así. Sentí mi estómago hundirse.
-¿Qué? ¿Qué está pasando? -Intenté zafarme para mirar por la ventanilla trasera, pero me sujetaste más fuerte, pegando tu frente a la mía para bloquearme la vista por completo-. Draco, ¿qué pasa? Me estás asustando...
-Por favor, mi amor, Hermione... por favor, escóndete atrás -intentabas fingir una calma que temblaba en los labios-. No pasa nada, estaremos bien, te lo prometo. Dame la mano.
Entonces, un sonido constante, uno tras otro, empezó a escucharse a la distancia. No estaban estallidos, pero con cada golpe, el aire parecía vibrar de una forma extraña, seguido siempre por el tintineo del cristal desmoronándose sobre el asfalto.
-Son disparos -jadeé, aferrándome a tu brazo, todavía a medio agachar.
All Rights Reserved