¿Qué somos, Kath?, preguntó Lin finalmente. Había una vulnerabilidad infantil en su voz que conmovió a la exatleta. La física no tiene un modelo para esto. No hay ecuaciones para lo que estamos sintiendo.
Kath miró hacia la ventana, donde las primeras luces del alba comenzaban a teñir el horizonte marino de un color azul pálido.
Tal vez la física no tenga la respuesta, Lin, respondió Kath en un pensamiento cálido y envolvente. Tal vez el universo solo nos detuvo a las dos al mismo tiempo para que no tuviéramos que estar solas nunca más.
Al otro lado del mundo, en la biblioteca de Tokio, Lin se llevó una mano al rostro, ocultando una sonrisa que le iluminó los ojos. Sintió el calor del pensamiento de Kath asentándose en su pecho como una manta protectora.
No te vayas, pidió Lin en un susurro mental.
No me voy a ningún lado, prometió Kath. Estoy justo aquí.
Aquella noche, ninguna de las dos sintió el peso de la soledad. Mientras el sol salía en California y la tarde caía en Japón, Kath y Lin se quedaron despiertas en la oscuridad, hablando en el lenguaje de los pensamientos, descubriendo los detalles de sus vidas, sus miedos y sus sueños, unidas por un puente cuántico que acababa de transformarse en el inicio de un amor más profundo que el océano y más vasto que el propio espacio. Sin darse cuenta, se convirtieron en algo más.
Dos extrañas conectadas a pesar de vivir en lados opuestos del mundo.
Historia inspirada por Uranus2324 y la película In Your Eyes.
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