Profiler // Crisvia
Madrid para Cristina tiene una forma particular de recibir enero: las calles amanecen con ese frío seco que no se negocia, las luces de la comisaría no se apagan nunca del todo, y el café deja de ser una bebida para convertirse en lo único que separa a algunas personas de una decisión que lamentarían.
En algún punto de la ciudad, alguien ha muerto.
La escena ha sido construida con una atención al detalle que resulta, en el peor sentido posible, admirable. La escena está dispuesta con una intención tan clara que casi parece un mensaje, aunque todavía nadie sabe para quién.
Lo que sí saben, los que llegan primero y los que llegarán después, es que no es la primera vez.
Y que no será la última.
Tampoco saben que las dos personas que van a resolver este caso llevan años sin poder estar en el mismo espacio sin que el aire cambie. Una de ellas ha pasado demasiado tiempo ignorando a la otra, y la otra ha pasado el mismo tiempo preguntándose por qué.
Las respuestas a ambas preguntas son ,en el fondo, la misma.
Pero eso también es algo que todavía ellas no saben.