Las calles de Fallow District huelen a alcohol derramado, a sudor ajeno, a algo que intentó ser esperanza y terminó siendo costumbre. La humanidad cree que ganó. Cree que los vampiros son cuentos para asustar niños. Cree que el peligro está afuera, no en sus propias venas.
Pero el ADN no olvida.
Y los monstruos no mueren del todo.
Hace siglos, hubo una guerra. La humanidad contra la noche. Los vampiros fueron cazados, quemados, borrados de la historia. La victoria fue total. O eso creyeron.
El ADN vampírico no desapareció. Se escondió. Durmió en los genes de algunos humanos durante generaciones, esperando, mutando, convirtiéndose en algo nuevo. Algo que no era humano ni vampiro. Algo que los científicos de Aeternum Labs llamaron damphyro.
La raza que no debía nacer.
Cuatro. Solo cuatro quedan.
Elian fue el primero. Cautivo desde niño. Ahora es la mente de Unit Zero. Sus ojos dorados lo ven todo. Sus dedos de pianista controlan cada cámara, cada sensor, cada latido de la ciudad. El mundo es un diagrama y él es el arquitecto.
Levi llegó después. Adolescente. Rebelde. Indomable. Solo Elian puede controlarlo. Solo Elian sabe que su furia es miedo disfrazado. Juntos son la mano que Aeternum extiende para romper.
Soren fue el tercero. Seco. Insufrible. Un témpano de hielo con colmillos felinos y ojos azules eléctricos. No quería estar allí. No quería a nadie. Pero el equipo lo moldeó. Ahora es la sombra que no da miedo. El que huele el rastro antes de ver la presa. El más rápido. El más letal.
Y luego está Zain.
El último.
El que nunca fue capturado.
Esta noche, la jaula se cierra.
Fuera en los callejones de Fallow District, tres depredadores están cerrando el cerco sobre él.
Seducer Predator.
La noche tiene dientes.
La ciudad es una herida.
Y Zain está a punto de descubrir que el verdadero depredador se esconde
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