las fichas de Marinette: la reina no se toma
El amor, según la vieja Marinette, era como un bordado delicado: requería paciencia, hilos de colores brillantes y un corazón entregado, y todavía creía que la honestidad era la base de cualquier diseño y que el amor, si era verdadero, podía resistirlo todo. Pero a los veintiún años, descubrió que los hilos también podían usarse para asfixiar, La honestidad solo le sirvió para que Adrien y Luka encontraran sus puntos débiles, y el amor fue la moneda con la que ambos pagaron su traición. Aquella noche de traición no hubo magia ni villanos de fantasía, solo la frialdad de dos hombres que decidió que sus sentimientos eran prescindibles.
La lluvia de París no fue romántica aquella noche; fue ácida. Ver a Adrien y a Luka -los dos pilares de su mundo- sosteniendo la daga de la traición con tanta naturalidad, rompió algo más que su confianza. Rompió su brújula moral. En ese callejón oscuro, entre sollozos ahogados y promesas rotas, la chica de los ojos brillantes dejó de respirar para que alguien más pudiera sobrevivir.