Bajo el manto de las estrellas se halla siempre la paz, y en su fulgor nace la inspiración. De ellas han surgido incontables obras, entre las cuales brilla, célebre, La noche estrellada. Las estrellas, aun en su lejanía, resultan hermosas; el ser humano las contempla y las reconoce como únicas.
Pero para cierto erizo, su significado ha cambiado.
Ahora, cada destello en el cielo le evoca a alguien: una figura de tonos negros y rojizos, cuya presencia, firme y silenciosa, alguna vez estuvo a su lado en la batalla. Entre luces titilantes y recuerdos suspendidos, su mente regresa a aquel instante compartido.
Y así, mientras el universo susurra en la oscuridad, una pregunta permanece, tan infinita como el firmamento:
¿Qué habrá sido de aquel erizo de vetas rojas...?
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