No tengo intenciones de mostrar cómo funciona el mundo y todo lo que en él habita.
Este poemario fue un camino con dos únicos motivos: romper el silencio y observarme mientras hacía tal salvaje y tierno hecho.
Bienvenido, ponte incómodo porfavor.
Ante ti, las crónicas de mis máscaras.
Destrozándome desde dentro y, aun así, sintiendo la belleza mientras bailaba -perplejo-, mientras cantaba y desafinaba con pasión y fuego. Pero he de decir: cuánta devoción encontré en la tristeza, la melancolía y la pena; y, de última
-como fue primera-, el amor.
El amor que trajo todas estas dulces condenas. Tan humanas, a veces disfrazadas: de rabia, otras de seguridad cósmica; muchas veces graciosas, porque la carne tiembla aunque se sabe gloriosa.
Esta es simplemente la forma en la que un ser humano, entre tantos otros, vivió, vive y vivirá: por los otros.
Servir, como ultima lógica.
En un mundo tan blanco y negro, dedicaré todos estos anhelos a hacer vibrar mis grises; a encontrar tantos matices como pueda en el desenfreno del sinsentido que nos mueve.
Antes que ella me tome por el cuello, despiadada, sabe que también me encanta, cómo se mueve, cómo remueve mi espalda y me obliga a vomitar mi mortalidad mientras acecha.
Cuando me atrapes,
cuando me des ese beso,
quiero que no encuentres nada más que un costal de huesos que lo dio todo.
S. T.
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