Historia sacada de mi cabeza, a través de un sueño, que tuve algún día....
Nesli-han tiene veinticinco años, una fortuna construida sobre la empresa de seguridad más poderosa de Estados Unidos y un corazón que late por última vez. Huérfana desde los diecinueve, CEO desde entonces, ha vivido atrapada en el éxito y en noches vacías con mujeres cuyo nombre nunca recuerda. Pero hay dos nombres que sí guarda: Freen Sarocha y Engfa Waraha, las actrices tailandesas a las que ha seguido durante años con una devoción casi enfermiza.
Cuando la enfermedad congénita que la ha perseguido desde niña finalmente la alcanza, Nesli-han cierra los ojos y le reza a cualquier dios que quiera escucharla: un último deseo, conocerlas antes de irse.
Lo que no sabe es que los sueños, a veces, responden.
En su lecho de muerte, Nesli-han despierta en un mundo donde su corazón no falla. Un contrato de seguridad la lleva a un mitin en Nueva York, y allí está Engfa Waraha: mirada de fuego, sonrisa de lado, una mujer que la desafía como nadie lo ha hecho. Lo que comienza como un juego de poder, deseo y sumisión se convierte en un torbellino que Nesli-han no puede controlar.
Pero Tailandia la espera. Y con Tailandia, Freen Sarocha: la actriz de mirada dulce y sonrisa de cristal que lleva tatuada en el brazo desde los diecisiete años. La mujer que ha sido su refugio en las noches más oscuras, su obsesión, su sueño dentro del sueño.
Entre la lujuria devoradora que siente por Engfa y el amor tierno e inalcanzable que le inspira Freen, Nesli-han deberá navegar un triángulo que amenaza con consumirla. Pero el tiempo se agota. Las máquinas del hospital pitan cada vez más lento, y el sueño -como la vida- tiene sus propias reglas.
Bienvenidos al último deseo de una mujer que nunca supo pedir nada para sí misma.
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