Fiamma nació sabiendo quien era el enemigo. No por historias, ni por rencor adquirido, sino porque su nombre y el de él nunca podrían decirse en una misma frase. Creció rodeada de orden, de reglas claras, de un mundo donde todo se sostiene mientras nadie cruce ciertos límites. Aleksander creció del otro lado de esos límites. Aprendió a endurecer el cuerpo antes que la voz, a obedecer antes de mandar, a resistir sin preguntar. Su apellido no se negocia. Se impone. Nunca se vieron de niños. Nunca se hablaron. Nunca se necesitaron. Y aún así, fueron criados para reconocerse como enemigos antes incluso de encontrarse.
More details