𝐇ay cosas que nunca debieron escribirse.
Y mucho menos... enviarse.
Arianna siempre creyó que los sentimientos eran más seguros en papel. Por eso escribía cartas: algunas con nombre, otras sin destinatario, todas cargadas de emociones que no sabía cómo decir en voz alta. Era su forma de no explotar, de no gritar lo que llevaba dentro.
Hasta que dejaron de ser un secreto.
Sin saber cómo, esas cartas terminaron en las manos equivocadas.
O tal vez... en las correctas.
Una llegó a Mason, el arrogante e insoportable capitán del equipo de baloncesto, experto en sacarla de quicio.
La otra... a Walker.
El exnovio de Madeline.
La chica con la que Arianna creció.
La que le enseñó todo.
La única persona a la que nunca pensó traicionar.
Pero ahora Walker sabe.
Y quiere respuestas.
Desesperada por mantener el control y evitar que todo explote, Arianna toma la peor decisión posible: fingir una relación con Mason.
Lo que empieza como un simple acuerdo -una mentira conveniente, un juego sin importancia- pronto se convierte en algo más peligroso. Más real. Más difícil de soltar.
Porque hay sentimientos que no desaparecen.
Cartas que no pueden desleerse.
Y personas que llegan tarde...
justo cuando ya no sabes cómo dejar de sentir.
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