Megan siempre ha sido ese tipo de persona que parece moverse como si nada pudiera alcanzarla. Vive entre el ruido de los motores, el humo de los cigarrillos y decisiones que nunca parecen mirar atrás. No se queda mucho tiempo en ningún lugar, ni con nadie. Y aún así, todo el mundo cree conocerla... aunque nadie realmente lo hace.
Sophia es todo lo contrario y, al mismo tiempo, un caos en su propia forma. Se deja llevar más de lo que debería, ríe cuando no sabe qué decir, y a veces se pierde en noches que empiezan sin intención de recordar nada al día siguiente. Tiene una forma de sentirlo todo demasiado fuerte, como si no existieran los límites para eso.
Comparten el mismo mundo, los mismos pasillos, las mismas noches que parecen no terminar nunca... cruzándose sin realmente notarse, como si siempre hubieran estado cerca sin llegar a verse.
Hasta que una noche lo cambia todo.
Y hay miradas que llegan tarde, silencios que se sienten demasiado largos y una tensión que se forma entre dos personas que, en teoría, estaban destinadas a desordenarse la vida.
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