Llevaba ya un tiempo viviendo en el bosque, acostumbrada a lo que muchos llamaban "soledad", pero a ella le gustaba llamarlo "paz". No interactuaba mucho con el pueblo cercano, no le convenía que descubrieran la razón de su aislamiento hecho a voluntad propia. El bosque, además de calma le había otorgado asiento a primera fila para ver escenarios de todo tipo.
Algunos fueron muestra de la crueldad humana en su modo más trivial y otros en su modo más salvaje. Otros fueron muestra de como la naturaleza aplastaba a todo ser vivo tarde o temprano. Y también, los más inquietantes, que no se explicaban ni con naturaleza ni con lógica humana, únicamente con magia.
Aún así, no pudo evitar sorprenderse cuando encontró a un sujeto moribundo a primera hora de la mañana frente a su puerta;muchas heridas, ropa casi que por completo rota, un largo rastro de sangre que resaltaba en esa nieve fría y blanca, mostrando cuánto corrió antes de desplomarse frente a su cabaña. No fue la imagen lo que le sorprendió, fue el extraño sentimiento que hace años no tenía.
No lo vió como un extraño herido, sino como un perro lastimado que necesitaba cuidado.
Un perro, un perro de la nieve, lleno de misterios en esa piel canela que le otorgó un calor apenas le tocó, eso considerado un lujo en ese mortal invierno.
¿Quién era este extraño "perro de la nieve"?
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