A veces las historias no empiezan con un "érase una vez", sino con un "¿por qué sigues aquí?".
Siempre hay regresos.
No como ella los necesita, no como los imagina, no como deberían ser... pero suceden.
Y eso ha sido suficiente, o al menos eso es lo que ella se repite para quedarse un poco más.
Atrapada entre lo que siente y lo que sabe, vive en una historia donde el amor no falta... pero tampoco alcanza. Donde las segundas oportunidades se vuelven costumbre y las despedidas nunca son definitivas.
Sabe que merece más.
Sabe que no debería conformarse con migajas.
Sabe que alguien que realmente se queda no deja dudas.
Pero sentir no siempre escucha a la razón.
Hay días en los que parece avanzar, en los que cree que ya no duele igual, en los que logra convencerse de que esta vez sí va a soltar. Pero entonces algo pasa. Un recuerdo, una palabra, una presencia que regresa sin avisar... y todo vuelve a empezar.
Y no es que no entienda lo que pasa.
Es que no sabe cómo dejar de sentirlo.
Porque hay vínculos que no se rompen de golpe,
solo se estiran... hasta doler.
Y en medio de todo eso, ella sigue ahí, intentando no perderse por completo, intentando no olvidarse de sí misma mientras sigue sosteniendo algo que ya no la sostiene igual.
Esta no es una historia perfecta.
No tiene respuestas claras ni finales prometidos.
Es la historia de una joven que intenta entender por qué duele tanto soltar a alguien que nunca se quedó del todo.
Y tal vez, entre idas y vueltas, silencios y regresos, aprenda algo que nadie le enseñó:
que soltar no siempre es dejar de querer,
sino dejar de esperar.
Que a veces el verdadero cambio no viene de afuera,
sino de atreverse a elegirse... incluso cuando todavía duele.
Y quizás ahí, justo ahí, comience a descubrir lo más difícil de todo:
cómo se suelta un fantasma.
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