-¿Que haces, princesa?
-Memorizandote- respondió.
sus labios rozaron los suyos, un beso apenas.
Una provocación.
La sujetó por la cintura y profundizó el beso, como si tuviese hambre antigua.
Y entonces... Ella deslizó algo entre ambos.
La punta descansó bajo sus costillas, justo sobre su corazón.
Él lo sintió.
No se apartó, ni un milímetro.
Sólo la miró.
No con enojo, más bien... Con orgullo.
-Hazlo- murmuró.
-Aún no- respondió guardando la hoja en la liga que llevaba debajo del vestido -Quiero que me ames un poco más antes de destruirte.
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