Alfa y Omega 🐺🌕
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*Luna de Sangre: El Pacto del Alfa y el Omega*
En todas las manadas, la luna manda. Pero en la Manada de los Cerros, mandaban dos lunas: la del Alfa y la del Omega.
*ethan, el Alfa*, nació bajo la Luna Llena. Su licantropía era furia pura. Músculos que rompían camisas, ojos ámbar que ordenaban sin hablar, aullido que hacía temblar a los ciervos a 3 kilómetros. Su trabajo era simple: proteger, cazar, dominar. Los betas le seguían porque su fuerza era ley.
*Lira, la Omega*, nació bajo la Luna Nueva. Su licantropía era silencio. Delgada, ojos grises como tormenta, pasos que ni las hojas sentían. No peleaba. No necesitaba. Los betas la buscaban cuando el Alfa los hería sin querer, cuando la rabia de la manada se salía de control. Lira no curaba con hierbas. Curaba con presencia. Donde ella pisaba, la sangre se calmaba.
El Consejo de Ancianos decía que Alfa y Omega jamás debían mezclarse. El Alfa es el escudo, el Omega es el alma. Si el escudo toca el alma, la manada se quiebra.
Pero llegó la *Noche Sin Luna*.
Una manada rival, los Colmillos de Obsidiana, cruzó el río. Su Alfa, Rhurk, no tenía Omega. Había matado a la suya años atrás porque "la debilidad enferma a los fuertes". Su manada era un ejército: sin miedo, sin duda, sin remordimiento. Y sin remordimiento, matas todo.
Rhurk desafió a ethan en el claro del pacto. Pelearon 3 noches. Al amanecer de la cuarta, ethan cayó. Rhurk le puso la garra en el cuello.
Fue entonces que Lira salió de las sombras. No aulló. No corrió. Solo caminó.
Rhurk se rió. "¿Esta es tu Omega? ¿La que escondes? Mátala tú o la mato yo."
Ethan, con sangre en el hocico, gruñó: "No la toques."
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