El Colapso de las Eras.
El reloj de la Tierra no se detuvo; simplemente estalló. En un parpadeo, la cronología lineal se convirtió en un nudo ciego donde el rugido de un tiranosaurio se mezcla con el aullido de un lobo estepario. Ya no existen los fósiles, solo la carne hambrienta.
Bajo un cielo desgarrado por la cicatriz temporal, los restos de la humanidad observan desde las sombras cómo la biología reescribe sus propias leyes. Ya no importa quién llegó primero, sino quién sobrevivirá a la mezcla.
El Cenozoico irrumpió con toda su magnitud, desde el Paleógeno hasta el Neógeno, trayendo consigo a los mamíferos que una vez solo fueron pequeños, pero ahora eran mastodontes. El aire helado del Pleistoceno trajo a los megamamíferos, bestias peludas que se extinguieron al dar paso al breve florecimiento del Holoceno, el tiempo que llamamos nuestro.
Todas estas eras, desde la antigüedad más profunda hasta el Antropoceno, se fusionaron en un instante. Cada criatura, del diminuto trilobites al gigantesco Argentinosaurus, fue devuelta a la vida. La coexistencia era imposible. La extinción se había convertido en un mito, y la naturaleza aborrece el vacío. La necesidad de perpetuarse, la furia de la vida misma, desencadenó lo inevitable: la Hibridación.
».Bienvenidos a los Días de la Gran Hibridación.«