En el mundo de Charles Leclerc era perfección: el modelo mejor pagado del planeta, la cara de marcas de lujo, inalcanzable, su mundo era de flashes, seda y perfección controlada. Hasta que se entera que se tenía que casar con un desconocido por un contrato.
El desconocido era Max Verstappen, campeón mundial de boxeo. Brutal en el ring, hermético con la prensa, y con una reputación de no dejar que nadie se le acerque. Nadie, excepto Charles.
Lo que el monegasco no sabe es que para el neerlandes esto no es un castigo, es el premio mayor. Verstappen lleva años coleccionando cada revista, cada campaña, cada entrevista de Leclerc. Una "pequeña" obsesión que escondió tras guantes de box y ruedas de prensa cortantes.
Ahora Charles está obligado a vivir con él. A soportar su presencia, sus reglas, su mirada que lo sigue demasiado cuando cree que no lo ve. Max está feliz de que por fin tiene a su modelo en casa.
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