En su primer año en Dracarys Arcana, Kael, un chico de trece años vinculado a un fénix, llega creyendo que aprenderá a controlar la magia como cualquier otro alumno. Pero desde sus primeros días siente que algo en la academia parece reaccionar de forma extraña a su presencia. Pequeños incidentes, símbolos desconocidos y un fuego que aparece cuando el miedo lo supera empiezan a separarlo del resto.
Mientras intenta adaptarse a las clases, a los maestros y a una magia que apenas entiende, Kael encuentra apoyo en sus cuatro amigos: Lira, vinculada al águila y al rayo; Soren, cuyo elefante interior domina el agua y la curación; Bram, ligado al rinoceronte y a la tierra; y Nyra, unida a un dragón de aire. Juntos forman un vínculo que para Kael empieza a sentirse más fuerte que cualquier hechizo.
Pero bajo la academia duerme un secreto mucho más antiguo que sus muros. Una puerta sellada, fragmentos de piedra marcados con símbolos de contención y una presencia invisible comienzan a acercarlo a una verdad que nadie quiere explicar. Cuanto más descubre, más claro resulta que lo que se mueve en las sombras parece conocer su nombre... y su sangre.
Kael todavía no entiende el alcance de ese misterio. Solo sabe que algo antiguo está despertando, que alguien lo observa y que, por primera vez, el fuego dentro de él no parece un accidente. Parece una respuesta.
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