Altagracia Sandoval no era una mujer que se rompiera fácilmente; era la dueña de la constructora más poderosa del país, pero la noche en que los cinco hombres apodados Los Monkeys se cruzaron en su camino, su imperio de concreto se tambaleó. A sus 28 años, en la cima del éxito y la riqueza, Altagracia desapareció de la faz de la tierra sin dejar rastro, desatando un frenesí en los medios de comunicación que inventaban teorías diariamente sobre su paradero. Mientras el mundo la buscaba, su empresa seguía funcionando a la perfección en las sombras, manejada con puño de hierro gracias a una sola persona de absoluta confianza: su secretaria, Adriana.Adriana no solo resguardaba los secretos financieros, sino el secreto más doloroso de su jefa: Altagracia estaba escondida pasando un embarazo de alto riesgo, fruto de aquella fatídica noche de la agresión. El único apoyo emocional de Altagracia en ese encierro era su hermana Regina. Seis meses antes de que Altagracia descubriera que cargaba en su vientre la sangre de sus verdugos, Regina ya había concebido a su propio hijo. Esa coincidencia y la diferencia de meses entre ambos embarazos se convirtieron en el refugio perfecto para trazar un plan. Durante un año entero, aislada del ruido mediático, Altagracia transformó su dolor en una furia fría y calculadora, decidida a dar a luz en el anonimato absoluto para luego regresar al mundo exterior. No buscaba solo olvidar; estaba usando cada segundo de su desaparición para armar la estrategia perfecta que destruiría a Los Monkeys uno por uno.
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