Para Amanda Gates, la muerte nunca fue un drama; fue una solución.
A los nueve años, Amanda aprendió que un perro atropellado no era una tragedia, sino un ser que finalmente había encontrado la paz. Mientras el resto del mundo lloraba y gritaba ante el caos, ella observaba el orden oculto tras la sangre. Durante once años, ha vivido bajo las "reglas no escritas" de los demás, fingiendo ser una chica común, una estudiante promedio, una amiga leal.
Pero el mundo es un lugar ruidoso, lleno de piezas que no encajan, como el acosador de su escuela o la hipocresía de los adultos.
Todo cambia cuando Amanda presencia -y provoca- su primer "accidente". Al ver cómo la vida se escapa de un cuerpo, ella no siente culpa, sino una claridad asombrosa. Para Amanda, matar no es un acto de odio; es un acto de orden. Es convertir a personas ruidosas y complicadas en objetos pálidos, quietos y, finalmente, en paz.
Lo aterrador no es lo que Amanda hace, sino cómo lo ve.
Acompaña a Amanda en una serie de asesinatos donde la verdadera sangre no está en las manos, sino en la perturbadora y lógica mirada de una chica que decidió que el mundo está mucho mejor cuando todos guardan silencio.
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