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En un rincón del universo, donde las sombras se entrelazan con la luz, conocí a alguien que iluminó mi vida con su sola presencia. Su risa era un refugio, un bálsamo para mi alma herida, y por un breve momento, sentí que la tristeza se desvanecía. Pero incluso en su compañía, la melancolía nunca estába demasiado lejos.
Él llegó como un susurro de esperanza en medio de mis tormentas internas. Sus ojos, profundos y llenos de historias, me hicieron soñar con un futuro que parecía inalcanzable. Sin embargo, a medida que nos acercábamos, la realidad de mi dolor se hizo más evidente. Mi corazón, aún marcado por las cicatrices del pasado, luchaba por abrirse por completo.
Cada rayo de felicidad que compartíamos estaba teñido de una tristeza subyacente. Mientras reíamos juntos, una parte de mí temía que el destino pudiera arrebatarme esa alegría. Me aferraba a cada momento, consciente de que la fragilidad de la vida podría desvanecerlo en un abrir y cerrar de ojos. La idea de perderlo era una sombra que acechaba en cada rincón de mi mente.
A veces, mientras compartimos silencios y miradas profundas, me inunda una profunda tristeza. Lo amo con una intensidad que me asusta, y me pregunto si alguna vez podré liberarme del peso de mi propia historia. Él es la luz en mi oscuridad, pero también un recordatorio de todo lo que he perdido y lo que aún podría perder.
Así, en este nuevo capítulo de mi vida, lucho por encontrar el equilibrio entre el amor y el miedo. A pesar de la tristeza que me acompaña, sé que su presencia es un regalo; una chispa de esperanza en mi viaje hacia la sanación. Y aunque el futuro sea incierto, estoy dispuesta a enfrentar mis demonios por él, porque en su sonrisa encuentro un atisbo de la felicidad que tanto anhelo.
--- Esperó que les guste mi libro gracias por leerlo.
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