Mika lleva siete años con Eduard.
Siete años de amor tranquilo, de familias que ya los dan por casados y de una relación que todos consideran perfecta. A los diecinueve, Mika debería sentirse afortunada: un novio bueno, unas vacaciones de un mes en Riviera Maya con ambas familias, amigos cercanos y la yaya Carmen, su abuela imprevisible, descarada y demasiado lista para su propio bien.
Pero la perfección también puede asfixiar.
Todo cambia cuando al viaje se une Damián, el primo de Eduard. El chico al que Mika lleva odiando desde niña. Serio, provocador, tatuado, imposible de ignorar y con una historia familiar que solo la yaya Carmen parece conocer de verdad. Damián no sonríe casi nunca, no pide permiso para incomodar y tiene una facilidad peligrosa para decir justo lo que Mika no quiere escuchar.
Entre playas, cenas familiares, habitaciones contiguas y miradas que duran más de lo permitido, Mika empieza a cuestionarse si lo suyo con Eduard sigue siendo amor... o solo costumbre.
Porque Eduard es calma.
Damián es incendio.
Y durante un mes en el paraíso, Mika tendrá que decidir si cerrar los ojos ante lo que siente o dejarse arrastrar por la única persona que siempre ha sabido sacarla de quicio.
La yaya Carmen lo ve todo.
Y esta vez, ni sus bromas podrán apagar la tormenta que se acerca.
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