⚝ La luna llena siempre traía destrucción.
A veces eran árboles arrancados, tierra teñida de rojo o animales despedazados en el bosque prohibido. Otras veces... eran personas.
Aquella noche, Hogwarts había permanecido demasiado silencioso. El viento golpeaba las ventanas del castillo mientras las sombras se extendían por los terrenos, cubriendo secretos que jamás debieron salir a la luz.
Y Sirius Black había cometido un error.
Uno que cambiaría todo.
- Aléjate... ¡Desmaious!
La voz asustada salió junto a un hechizo débil. El lobo lo sabía. Sentía el pulso de su víctima debilitándose bajo sus garras, escuchaba el miedo mezclado con respiraciones entrecortadas y el olor metálico de la sangre inundándolo todo.
Hambre.
Dolor.
Confusión.
Y justo cuando estaba a punto de dar el último golpe, un ciervo apareció entre la oscuridad, embistiendo al animal lo suficiente para arrancar el cuerpo herido de sus fauces y desaparecer con él entre los árboles.
El bosque quedó en silencio.
Un silencio horrible.
Ahora, horas después, Remus Lupin permanecía sentado en una de las camas de la enfermería, incapaz de dejar de temblar.
Las lágrimas que caían por sus mejillas ya no eran por el dolor de la transformación. Solo podía recordar aquellos ojos negros mirándolo con horror, pidiendo ayuda.
Severus Snape ahora se debatía entre la vida y la muerte en Hospital San Mungo de Enfermedades y Heridas Mágicas.
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