"No empezó con una gran batalla. Empezó con una puerta que se abrió, una cama que se armó y un grupo que decidió quedarse."
En una escuela donde todo parece ya estar decidido -quién brilla, quién encaja, quién es invisible- un puñado de estudiantes hace algo aparentemente sin importancia:
Formar un club.
No el más prestigioso. No el más organizado. Ni siquiera el más serio. Solo... un espacio propio.
Así nace Galaxy X.
Daxer no es el más carismático de su salón. Tampoco el más confiado. Pero sí el que más observa. Y últimamente, hay cosas que no logra ignorar: recuerdos que aparecen en momentos extraños, una sensación persistentemente rara de que ciertas situaciones ya las vivió antes... aunque no encajen con su presente.
Pero antes de responder preguntas que todavía no sabe cómo formular, tiene problemas más urgentes:
× Un cuaderno con dibujos que nunca debieron verse... y que terminaron en una exhibición.
× Un club que empieza a sonar más grande de lo que planearon.
× Una chica llamada Jazmín que llegó a destruirlos con un PowerPoint y se quedó a construir algo inesperado.
× Apuestas con dados que terminan en castigos vergonzosos, planes que salen espectacularmente mal, y remodelaciones improvisadas de salones abandonados.
Entre todo eso están Samuel, el eterno escéptico; Olin, el que come papas fritas en cualquier situación de crisis; Muk, que siempre sabe más de lo que dice; Xcat, Leiv, Ume, Ruben y el resto del grupo.
Lo que empezó como una idea casi accidental se convierte en un refugio, en un escenario y, poco a poco, en el lugar donde cada integrante descubre algo que no sabía que podía hacer.
Y mientras el club crece entre risas, torpezas y pequeños logros extraordinarios... algo más también crece. Silencioso. Paciente.
Porque Muk tenía razón desde el principio:
"Esto apenas empieza."
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"Incluso los que no encajan pueden crear algo extraordinario."
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