La primera vez que Ferran Torres vio a Noa Villar llorar, también se estaba riendo. Tenía los ojos brillantes, una copa en la mano y la música demasiado alta. Decía que jamás entendería a la gente que volvía con sus ex.
Ferran se rió con ella.
Tres años después, terminarían siendo exactamente eso. Pero aún no lo sabían.
Antes de romperse, fueron algo bonito. Secreto. Hecho de aeropuertos, parkings vacíos y mensajes borrados. Nadie lo sabía, y así parecía más fácil.
El problema nunca fue esconderse, sino todo lo que no supieron decir.
Se querían, pero no bien.
A veces, aun así, parecía suficiente. Hasta que dejó de serlo.
La ruptura fue silenciosa. Sin promesas. Sin vuelta atrás.
Después vinieron las fotos, otra chica, una vida que parecía encajar. Noa no preguntó. Solo miraba un segundo de más antes de apartar la vista.
Ferran también siguió adelante. O eso parecía.
Porque lo nuevo distrae, pero no sustituye.
Y lo suyo nunca se fue del todo.
All Rights Reserved