No todos los compromisos nacen del deseo.
Algunos nacen del cálculo, la manipulación... y los negocios.
Seokjin jamás podría considerar agradable a aquel hombre. Mucho menos cariñoso o amable. La sola idea de convivir con él le revolvía el estómago, porque el odio entre ambos era mutuo.
Seokjin sabía perfectamente cómo era Namjoon: arrogante, cruel, despiadado y peligrosamente inteligente. Un hombre capaz de destruir a cualquiera con una sonrisa impecable frente a las cámaras.
Y aun así... estaba a punto de convertirse en su prometido.
Pronto sería su esposo frente a sus familias, frente a la sociedad, frente a la prensa, frente a políticos y diplomáticos que observaban cada uno de sus movimientos como si fueran piezas de ajedrez.
Porque Namjoon no era cualquier hombre.
Era un diplomático influyente, el candidato favorito para diputado y el hijo perfecto ante los ojos del país.
Pero detrás de aquella imagen elegante y pulcra, Seokjin conocía algo que nadie más veía
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