Encanto
Mirabel Madrigal siempre fue la nieta favorita de Pedro, incluso después de su muerte su recuerdo parecía acompañarla como una suave protección dentro de la Casita. Había algo en la sonrisa cálida de Mirabel, en su manera de cuidar a todos y en la fuerza silenciosa de su corazón, que le recordaba al abuelo el verdadero significado de la familia. Sin embargo, esa misma diferencia que la hacía especial también la alejaba poco a poco de Alma.
Desde la noche en que no recibió un don, Mirabel sintió cómo la mirada de su abuela cambiaba. Mientras los demás miembros de la familia brillaban con habilidades extraordinarias, ella permanecía siendo "la normal", la única sin magia en una casa construida por ella. Alma la trataba con distancia, no con crueldad abierta, pero sí con esa frialdad que duele más porque nace de la decepción. Cada gesto parecía recordarle que no era suficiente para continuar el legado milagroso de los Madrigal.
Aun así, Mirabel nunca estuvo completamente sola. Entre todos sus primos, quienes más permanecían a su lado eran Camilo y Daniel. Camilo, con su energía bromista y su habilidad de cambiar de apariencia, siempre encontraba la forma de arrancarle una sonrisa incluso en sus peores días. Con él, Mirabel podía olvidar por un momento las expectativas de la familia y simplemente ser ella misma.
Daniel, en cambio, era más tranquilo y protector. Era quien escuchaba a Mirabel cuando las dudas la consumían y quien permanecía cerca de ella sin necesidad de palabras. Mientras muchos admiraban los dones y el poder de la familia, Daniel admiraba el corazón de Mirabel, su valentía para seguir adelante aun sintiéndose apartada.
Juntos, Camilo y Daniel se convirtieron en el refugio de Mirabel dentro de una familia que muchas veces parecía no entenderla. Entre risas, secretos y momentos compartidos en los pasillos mágicos de la Casita, los tres construyeron un vínculo más fuerte que cualquier don: una amistad nacida
All Rights Reserved