Dicen que las casas guardan la energía de quienes las habitan.
Que las paredes escuchan, que los pasillos recuerdan, y que el tiempo no siempre borra lo que en ellas ocurre.
Pero hay lugares donde esa huella no se disuelve...
Se queda.
Esta no es solo la historia de una casa, sino la de una familia que aprendió, poco a poco, a convivir con lo inexplicable.
Durante años, lo que sucedía entre esas paredes fue contado en voz baja, casi en secreto, como si decirlo en voz alta pudiera hacerlo más real... o peor aún, hacerlo volver.
No eran hechos aislados.
No eran imaginaciones.
Eran pasos en la noche, presencias que observaban en silencio, figuras que aparecían donde no debían estar... y sensaciones imposibles de ignorar.
Con el tiempo, el miedo dejó de ser sorpresa para convertirse en costumbre.
Y lo que debería haber sido imposible... pasó a formar parte de la vida cotidiana.
Este libro recoge esos relatos, transmitidos de generación en generación, con la crudeza de lo vivido y la fragilidad de la memoria.
Porque algunas historias no se inventan.
Se heredan.
Y aunque pasen los años, hay cosas que no desaparecen...
Solo esperan.
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