Rosa Swan siempre había sido el sol de su familia.
La pequeña de los Swan. La niña de sonrisa brillante, ojos verdes llenos de curiosidad y una cámara siempre colgando de su cuello. Mientras Bella aprendía a vivir entre silencios y pensamientos demasiado profundos, Rosa llenaba la casa de risas, preguntas y sueños imposibles.
Y entre todos esos sueños, había uno que guardaba más cerca de su corazón que cualquier otro:
Encontrar un lobo.
Fotografiarlo.
Capturar ese instante perfecto que demostrara que la magia todavía existía en el mundo.
Por eso, cuando ella y Bella se mudaron a Forks para vivir con Charlie, Rosa creyó que finalmente estaba más cerca de cumplirlo. Después de todo, los bosques húmedos y eternamente verdes parecían esconder secretos en cada rincón.
Lo que Rosa no sabía... era que los lobos no serían lo único que entraría en su vida.
Porque mientras Bella comenzaba a enamorarse del misterio, de lo imposible y de los ojos dorados de un vampiro, Rosa solo podía ver monstruos escondidos entre la oscuridad.
Y poco a poco, casi sin darse cuenta, las hermanas que siempre habían permanecido unidas comenzaron a alejarse.
Bella se hundía cada vez más en un mundo sobrenatural que la fascinaba.
Rosa, en cambio, empezó a temerle.
A los ojos rojos que aparecían en sus pesadillas.
Al frío antinatural de ciertas miradas.
A la sensación constante de que algo observaba desde el bosque.
Porque algunas personas miraban a los vampiros y encontraban belleza.
Rosa solo encontraba miedo.
¿Y qué sucederá cuando descubra que aquello que más la aterra por las noches... es también el novio de su hermana?
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