En el exterior no ocurre nada.
Solo son conversaciones laborales y miradas que podrían no significar absolutamente nada.
Pero dentro de la mente de rayita, cada gesto parece esconder algo más. Y mientras intenta convencerse de que todo está bajo control -su trabajo, su relación, sus pensamientos- comienza a cuestionarse si realmente está imaginándolo todo... o si él también lo siente.
Odio estar escribiendo esto, pero tal vez, si lo escribo, desaparezca esta necesidad de contarle a alguien algo que, mientras no diga, no se siente real.
También tengo miedo, porque escribirlo es como volverlo un poco real, aunque aquí solo estemos el papel, mi mente y yo.
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