El camerino era el escenario de su danza más compleja. Moa amaba con una intensidad desbordante; su afecto era una marea de abrazos por la espalda, risas ruidosas y una necesidad constante de fusionarse con Suzuka. Para ella, cualquier distancia se sentía como un abismo peligroso que activaba el miedo a perderla.
Suzuka, en cambio, se abrumaba fácilmente ante tanta urgencia emocional. Cuando Moa se volvía demasiado intensa, el instinto de Suzuka era dar un paso atrás, ignorar sutilmente un par de bromas o refugiarse en su propio silencio para respirar. Moa lo sentía como un rechazo y presionaba más, provocando que Suzuka se alejara otro poco.
Sin embargo, Suzuka no era indiferente. Aunque esquivaba los excesos, siempre encontraba el momento de volver bajo sus propios términos. Cuando el ambiente se calmaba, buscaba la mano de Moa en silencio, le dedicaba una mirada cargada de absoluto apego o compartía sus auriculares en los viajes largos. Era su forma de decirle que la amaba, aunque necesitara un muro invisible para no ahogarse en la intensidad de ambas.
Al notar esa presión cambiante, Suzuka volvía a buscar su refugio, abrumada por la demanda, pero sin soltar nunca del todo la cuerda. Así avanzaban, en un equilibrio frágil donde una necesitaba asegurar el lazo constantemente y la otra necesitaba espacio para no ahogarse en él, unidas por un afecto real que a veces no sabían cómo sintonizar.
Historia de un solo cap!
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