Ella camina por el borde del precipicio; yo paso mis días trazando mapas para evitar caídas. Jisoo es la encarnación del caos, un huracán con nombre y apellido que amenaza con derribar mi vida milimétricamente organizada. Mientras yo me aferro a mis rutinas y a mis libros de biología, ella parece buscar constantemente una vía de escape a su propia existencia, retando al peligro y desafiando cualquier autoridad.
El vacío se asoma a veces en su mirada, y aunque somos polos opuestos, de alguna manera nos hemos vuelto indispensables la una para la otra.
Jisoo pasa horas hablándome de estrellas colapsadas y universos donde quizás se sienta menos perdida, mientras yo intento desesperadamente ser la gravedad que la mantiene unida a la Tierra.
Mi vida solía ser predecible: aspiro a entrar en la facultad de medicina, creo ciegamente en la ciencia y no tolero las variables fuera de control. Mi objetivo siempre fue aprender a curar a los demás. Pero pronto descubrí que el diagnóstico más complejo lo tenía frente a mí.
Jamás imaginé que mi último año antes de la universidad se convertiría en este torbellino. Yo solo tenía mis apuntes, mi pequeño círculo social y una reputación intachable. Hasta que ella cruzó las puertas del instituto. A Jisoo ya le habían cerrado las puertas de tres colegios distintos. Los profesores apostaban a que no aguantaría ni un mes entre nosotros, y al principio, yo rezaba para que tuvieran razón.
Quería que se fuera y me devolviera mi paz.
Pero las ecuaciones cambiaron. Y yo, la chica de las reglas, la que detestaba su actitud imprudente, me descubrí a mí misma mintiendo, cubriéndole las espaldas y arriesgando mi propio futuro académico para evitar que la expulsaran una vez más.
Así es como empieza mi ruina personal.
Mi nombre es Park Chaeyoung, y mi mayor secreto es estar perdidamente enamorada de la chica que está a punto de desordenar todo mi mundo.
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