Dos reglas gobiernan sus vidas: No tocar. No dejarse tocar. Teetee y Qin siempre han sido iguales: fríos, controlados, distantes... incapaces de tolerar el contacto físico de cualquiera. Por y Duang, en cambio, son todo lo contrario: cálidos, cercanos, imposibles de ignorar. Lo que nadie esperaba... es que entre ellos existiera una excepción. Porque hay contactos que no incomodan... hay manos que no se rechazan... y hay personas que, sin pedir permiso, cruzan todas las barreras.
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