Un trono forjado en secretos. Un matrimonio sellado con sangre. Un enemigo que acecha desde el otro lado del mar.
Aurelia de Vaelthar ha crecido bajo la sombra de una jaula dorada. Mientras su reino se desangra en una guerra interminable y cruel contra las potencias del continente oriental, ella ha sido resguardada entre muros de piedra, encajes y bailes cortesanos. Su mundo es simple, dictado por el deber y una profunda inocencia sobre los hilos podridos de la alta política. Hasta la noche del Gran Baile del Solsticio.
Allí, entre el murmullo de la nobleza y el brillo de las lámparas de cristal, sus ojos se cruzan con los de Dante, el heredero de Divina Merafet. Alto, de una apostura imponente que roza lo peligroso, con el cabello oscuro como la noche de su reino y una mirada gris, gélida como el acero de una espada, Dante representa todo lo que Aurelia teme y, a la vez, lo que la cautiva. Él no es un cortesano; es un soldado astuto, un estratega que esconde intenciones tan oscuras como los secretos de su linaje.
La fascinación se transforma en pesadilla cuando el rey dicta su sentencia: para asegurar una alianza militar desesperada que salve a ambos reinos de la aniquilación total, Aurelia es entregada en matrimonio a Dante.
Obligados a unirse por un juramento imposible, el desprecio mutuo es inevitable. Para Dante, ella es solo una princesa mimada e ingenua que no sabe nada del dolor de la guerra; para Aurelia, él es un monstruo arrogante decidido a romper su espíritu. Sin embargo, en un palacio donde los pasillos susurran traición y las dagas se ocultan tras las sonrisas, aprender a confiar el uno en el otro no será solo una opción, sino la única forma de sobrevivir. Porque la guerra no solo viene del este... ya está dentro de sus propias murallas.
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