-Ya no puedo, Jane... Te juro que ya no puedo cargarlo yo sola -susurró Zevan, con la voz ligeramente arrastrada por el alcohol, mirando fijamente el hielo derretirse en su vaso-. Me voy a volver loca.
Jane se inclinó hacia delante, dejando el vaso en la mesa de noche.
-Zevan, me estás asustando. Has estado actuando como un fantasma toda la semana. ¿Qué pasa? Sabes que conmigo estás a salvo. Suéltalo ya.
Zevan soltó una risa nerviosa, amarga, que terminó en un suspiro tembloroso. Se tapó la cara con las manos, avergonzada antes de hablar. El peso de su reputación de "chica perfecta", de la hija y estudiante ejemplar que jamás rompía un plato, pendía de un hilo.
-Es Nishimura Riki -soltó de golpe, como si quitara una curita de una herida abierta.
Jane parpadeó, sorprendida, pero luego sonrió de lado.
-¿Ni-ki? ¿El bailarín? Bueno, tiene sentido. Es guapo, es maduro, todas las chicas se mueren por él... Aunque es bastante serio. Pero a ver, ¿esa es la gran tragedia? ¿Qué te guste el chico popular?
-No, Jane, no lo entiendes -Zevan bajó las manos, y en sus ojos, nublados por el whisky, ya no había timidez; había una intensidad que Jane jamás le había visto-. No es solo que me guste. No es un tonto capricho romántico de escuela. Lo que siento por él... lo que me pasa cuando lo veo bailar, cuando se pasa la mano por el pelo, cuando me mira por un segundo en el pasillo... me avergüenza. Me quema. El deseo que le tengo me está consumiendo, Jane. Pienso en él de formas que... que arruinarían mi vida si alguien más lo supiera. No puedo concentrarme. Cierro los ojos y solo quiero que me toque, que me...
-Zevan -la interrumpió Jane -. Te recuerdo que Ni-ki tiene novia y no es cualquiera, es Rei.
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