𝐁𝐋𝐎𝐎𝐃 𝐈𝐍 𝐓𝐇𝐄 𝐖𝐀𝐓𝐄𝐑
Escuchen bien. No voy a decir la estupidez de "nunca quise ser un semidiós". No, lo que nunca quise fue compartir mi sangre con esos farsantes del Olimpo. Los llaman dioses, pero yo los llamo lo que son: imitadores. Parodias grotescas de lo que solo Jesús es en verdad.
Y sin embargo... soy su hijo. El hijo de un dios griego que jamás amé, jamás busqué, y que me convirtió en lo que soy: un héroe con renombre en un mundo que me repugna. Ironías de la vida, ¿no? Salvar ciudades en nombre de un linaje que detesto, mientras mi alma clama por el único Dios verdadero.
No esperen que les pinte la historia como una aventura gloriosa. Esta no es una crónica de gloria ni de orgullo. Es la historia de un blasfemo involuntario, condenado a pelear batallas que no pedí, bajo la burla de dioses que deberían haber desaparecido hace siglos.
Y aún así, sigo aquí. Respetado, temido, odiado... y cada día más convencido de que mi mayor enemigo no son los monstruos, sino la sangre que corre por mis venas.