He observado miles de mundos.... Mundos donde los héroes vencen, mundos donde fracasan y otros donde jamás aprendieron la diferencia entre salvar algo... o destruirlo mientras intentaban protegerlo. Pero incluso entre incontables universos, existen historias capaces de inquietar hasta al observador más silencioso.
En una Tierra nacida después del Blip, donde los Vengadores aprendieron a reconstruirse como familia y no solo como soldados, crecieron tres hijos entre entrenamientos, cicatrices heredadas y amor demasiado feroz para llamarlo normal: los gemelos Rogers Romanoff, Jonathan y James, hijos de Steve Rogers y Natasha Romanoff, y la pequeña Irina Barnes Belova, hija de Bucky Barnes y Yelena Belova, criada entre sarcasmo ruso, sobreprotección insoportable y dos hermanos que jamás aprendieron a dejar de vigilarla.
-Trata de no matar a los gemelos, malyshka -le repetían siempre.
-Demasiado tarde, tío paleta, haré brochetas de gemelos.
Contestaba ella, rodando los ojos hacia Steve Rogers con esa confianza insolente que solo tienen quienes crecieron sintiéndose en casa entre leyendas.
Pero las historias rara vez se rompen con grandes guerras. A veces basta un hombre cruzando una puerta equivocada.
Porque en otro mundo, Steve Rogers eligió algo distinto, un símbolo convertido en miedo, un héroe transformado en Hydra y cuando el multiverso lo arroje hacia la única familia que jamás debió encontrar, Irina descubrirá algo mucho más peligroso que una guerra entre versiones de un mismo hombre: el terrible peso de entender a alguien que todos los demás necesitan odiar.
-Esto es una pésima idea, Ghost.
-¿Y desde cuándo tú tomas buenas decisiones, soldadito?
Y créanme cuando les digo esto, pocas tragedias comienzan con odio, las más devastadoras... empiezan con alguien decidiendo quedarse.
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