Dicen que cada persona es un mundo.
Cuatro mundos no deberían parecerse entre sí.
Cuatro formas de pensar, de sentir, de reaccionar ante lo mismo...deberían chocar, contradecirse, separarse.
Y, sin embargo, hay algo inquietante cuando las diferencias empiezan a parecer variaciones.
No es algo que se note.
No es evidente.
De hecho, es fácil ignorarlo.
Porque todos, en algún punto, creemos tener razón.
Creemos que vemos lo que otros no ven;que entendemos lo que otros pasan por alto, que somos distintos.
Es una idea cómoda.
Peligrosamente cómoda.
Esta historia no se trata sobre cuatro personas extraordinarias.
Ni sobre tragedias aisladas.
Trata sobre perspectiva.
Sobre lo que ocurre cuando la mente intenta explicarse a sí misma, y lo hace demasiado bien.
Sobre cómo una misma realidad puede dividirse en versiones que parecen completas por separado.
Y sobre lo fácil que es creer en algo...cuando todo encaja lo suficiente.
Tal vez, al final, no se trata de quién esta equivocado.
Tal vez la pregunta correcta sea otra.
¿Qué pasa cuando todo tiene sentido, y aún así algo no coincide?
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