UNA ESTACION A LA VEZ
El amor no siempre llega como un relámpago.
A veces se anuncia en silencio, como el cambio de estación.
Merlina Addams nunca creyó en los comienzos suaves. Para ella, todo lo importante debía doler, romper o arder. Las cosas hermosas eran sospechosas; las cálidas, temporales. El invierno le parecía honesto: no prometía nada que no pudiera cumplir.
Enid Sinclair, en cambio, vivía esperando la primavera. Creía en los colores que regresan, en las risas que florecen incluso después del frío, en que todo puede mejorar si se le da tiempo suficiente. Para ella, amar era insistir, incluso cuando dolía.
No estaban destinadas a encontrarse en el momento perfecto.
Se encontraron cuando aún no sabían lo que necesitaban.
Primero fue la curiosidad.
Luego, la costumbre.
Después, el miedo.
Entre miradas que duraban más de lo necesario, silencios que decían demasiado y gestos pequeños que cambiaban el rumbo de un día entero, algo empezó a crecer. Algo frágil. Algo inevitable.
Porque el amor no nació de golpe.
Se construyó.
Pasó por días luminosos y noches interminables. Se quebró en otoño, se congeló en invierno y, aun así, decidió quedarse. Aprendió a sobrevivir al frío, a las pérdidas, a las dudas.
Esta no es una historia sobre amar sin miedo.
Es una historia sobre amar a pesar de él.
Sobre dos almas opuestas que descubrieron que incluso el invierno más largo puede terminar... si alguien se atreve a esperar la siguiente estación.
Y así, sin darse cuenta, Merlina y Enid comenzaron a vivir el amor como se vive el tiempo:
una estación a la vez.