Para la humanidad, la divinidad se convirtió en mercancía. Para los ángeles, el cielo se transformó en una tumba.
Desde el día en que el primer ser alado cayó a la Tierra, el mundo descubrió que su sangre plateada era el recurso más valioso y codiciado del planeta. Para perseguirlos y erradicarlos, la ciencia creó a los depredadores perfectos: cazadores genéticamente modificados, desprovistos de empatía, diseñados con un único propósito biológico: rastrear, capturar y entregar a sus presas para ser despojadas de sus alas. Una sentencia de muerte inmediata, pues un ángel no sobrevive a la mutilación.
Axel es el arma más letal del sistema. Con una temperatura corporal fría y reflejos inhumanos, nunca ha fallado una misión. Monótono, implacable y programado para no sentir piedad, sigue un rastro de vibración argéntea en un callejón oscuro bajo la lluvia, esperando cobrar su próxima pieza.
Pero la pieza es Eva.
Eva ha sobrevivido años oculta en las sombras de la ciudad, comprimiendo sus alas contra la espalda en un dolor constante para camuflarse entre la miseria humana. Cuando Axel la acorrala, ella no suplica; pelea con la furia de un ser que sabe que no tiene nada que perder.
En proceso
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