Hay secretos que se heredan en la mirada y promesas que se pagan con el silencio. Ella es solo una sombra en la zona baja de la ciudad, portadora de unos inusuales ojos grises que ocultan un linaje maldito por el que su padre fue asesinado en el Gran Bosque. Él es Ayden, el joven de ojos verdes que una vez la salvó del castigo y que ahora, obligado por el destino, debe marchar hacia el enigmático Banco Central de los Cuatro Reinos. Cuando sus caminos vuelven a cruzarse, no hay calidez ni promesas; solo una gélida indiferencia. Mientras el mundo exterior tiembla ante una brutal amenaza de bestias que acecha a las fortalezas, un peligro mucho más silencioso y letal se teje entre las sombras de la alta política.
-Mírame a los ojos y dime que no me recuerdas -exigió ella, con la voz rota, buscando un destello de humanidad en el joven noble.
Ayden ni siquiera parpadeó. Sostuvo la mirada verde y gélida, tan impenetrable como la piedra de la fortaleza, sin dejar traslucir una sola emoción. Para ella, el muchacho que alguna vez le había sonreído con ternura parecía haberse borrado por completo, devorado por la madurez y la distancia de un mundo que no le pertenecía.
-No sé quién eres -respondió él, dándole la espalda-. Y en esta ciudad, las sombras sin nombre no sobreviven.
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