Caín no siente dolor.
Los médicos lo llaman condición. Su madre lo llama caso. Sus compañeros lo llaman invencible.
Él lo llama soledad.
Lleva un cuaderno donde anota cada herida que su cuerpo acumula sin avisarle - quemaduras, golpes, cicatrices que aparecen sin recuerdo. Es su única forma de probar que existe. Que algo, tarde o temprano, tiene que dejar marca.
Aunque sea por dentro.
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