El Fantasma de la Ópera existió. No fue, como durante mucho tiempo creyeron los directores del teatro y algunos supersticiosos, una invención de los maquinistas o una alucinación colectiva nacida del gas mal quemado en los camerinos. Fue un ser de carne y hueso, aunque para los ojos de los hombres, su naturaleza siempre se inclinó hacia lo espectral.
En el camerino de La Sorelli, el terror no estalló por una aparición fantasmal, sino por un aroma. Un rastro olfativo que se filtró por las rendijas de los espejos y las juntas de la madera: era el olor a tierra de cementerio, a madera podrida y a una nota metálica, casi eléctrica, que solo un Alfa de linaje ancestral podía poseer.
San, sentado ante su tocador, sintió cómo sus pulmones se contraían no por miedo, sino por una sumisión instintiva que no pudo evitar. Mientras las demás bailarinas huían despavoridas tras el grito de la pequeña Saint-James -¡Es el fantasma!-, San se quedó allí, atrapado en la inmovilidad de su propia naturaleza Omega.
•Omegaverse
•Woosan
•Woo Top (alfa)/ San Bottom (omega)
•Inspirado en el fantasma de la ópera
•Fanfic romántico y Gótico
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