Cuando el mundo terminó, Isabella descubrió que los muertos no eran lo peor.
Años después del inicio del apocalipsis, Isabella sobrevive junto a su familia: Antonio, un padre dispuesto a cualquier cosa por proteger a los suyos; Matilde, una madre capaz de coser heridas mientras sostiene un machete oxidado; e Ion, su hermano mellizo, que cada día se parece menos al chico que era antes del fin del mundo.
Han sobrevivido a caminantes, hambre y personas demasiado crueles para seguir llamándose humanas. Han escapado de hombres que casi destruyeron a su familia y aprendieron que, a veces, cubrirse con sangre y tripas de muertos es la única forma de seguir respirando un día más.
Por otro lado, estaba Ainara que aprendió de su padre militar a rastrear, sobrevivir y no confiar en nadie. Después de perderlo todo, terminó atrapada entre personas que llaman familia a algo que se parece demasiado a una prisión. Fría, calculadora y peligrosa con un cuchillo en las manos, sabe reconocer cuándo alguien miente.
Y también sabe cuándo alguien está condenado.
Pero cuando sus caminos se crucen, Isabella y Ainara descubrirán algo peor que los caminantes:
Las personas.
Porque en un mundo donde confiar puede matarte, quizá la única forma de sobrevivir sea hacerlo igualmente.
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