El silencio de Siun no era ausencia, sino presencia. Nadie había escuchado su voz, y pocos entendían que detrás de sus audífonos y su mirada distante se escondía un universo distinto: el de quien habita sin sonido. Para los demás, su mutismo era misterio; para él, era simplemente vivir. Leer labios, interpretar gestos, escribir en una pantalla... eran sus puentes hacia un mundo que rara vez se detenía a escuchar. Suho lo descubrió sin querer, fascinado por esa calma que parecía impenetrable. No sabía aún que la sordera de Siun no lo alejaba, sino que lo invitaba a mirar más allá de las palabras. Así comienza una historia donde el silencio habla, y donde escuchar significa mucho más que oír.
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