María recordaba como era su vida antes de cambiarse de nombre. Antes de los incendios, de las constantes mudanzas y los cambios de vida, cuando era una niña que luchaba contra dragones, veía fantasmas y volaba por los cielos para jugar con los aviones, como todo infante normal. Ahora en su adolescencia, comienza a sospechar que todos esos disparates y sueños sin sentido, productos de la imaginación activa de una fugitiva del aburrimiento, tal vez sí pasaban en realidad. Y es que si los sueños pueden hacerse realidad, también lo hacen las pesadillas.
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