Min Yoongi es el director ejecutivo más exitoso y la cabeza del imperio Min. A sus 32 años, es conocido tanto por su éxito como por su atractivo: alto, de cuerpo bien tonificado, con ojos oscuros y penetrantes que pocos se atreven a sostenerle la mirada y una mandíbula perfectamente definida. Intimidante, y a pesar de todo eso, también irresistiblemente guapo.
Jimin, en cambio, es uno de los empleados de su empresa. Tiene 24 años y es conocido por tres cosas: su ternura, su facilidad para ganarse a cualquiera y, bueno, su tendencia a flojear cuando puede. Todo el mundo lo adora en la empresa, y no es difícil entender por qué: su cabello es largo, grueso y sedoso, tiene ojos grandes y redondos, una nariz pequeña y mejillas abultadas con un rubor rosado natural que parece permanente. No es muy alto, tiene la estatura promedio de un chico, pero eso solo lo hace lucir aún más tierno. Su sonrisa es suficiente para alegrarle el día a cualquiera.
Cada vez que el secretario de Yoongi, el señor Hyunjin, intenta regañarlo, Jimin no necesita decir nada: solo pone su mirada de cachorrito, añade un pequeño puchero, y el asunto queda resuelto. A Yoongi, sin embargo, no le hace ninguna gracia que Jimin use ese encanto para manipular a su secretario.
Una noche, después del trabajo, Jimin salió por primera vez a un bar con sus amigos y se emborrachó bastante más de lo que debía. En algún punto de la noche, sin darse cuenta de a quién estaba llamando, marcó el número de Yoongi.
Por desgracia para él, Yoongi contestó.
-¿Qué demonios pasa a esta hora de la noche? -preguntó Yoongi.
All Rights Reserved